Rainer Maria Rilke

    Cartas a un joven poeta

    2026, 80 pp.

      

    Entre 1903 y 1908, Rainer Maria Rilke mantuvo un intercambio epistolar con Franz Xaver Kappus, un joven alumno de la Academia Militar de Wiener Neustadt, que había acudido al poeta en busca de una opinión sobre sus incipientes poemas.

    Rilke, probablemente identificado con Kappus (ambos habían asistido a la misma academia y la disyuntiva “carrera militar / carrera lírica” los habría atravesado de igual modo), asume un papel de guía en la oscuridad de sus incertidumbres. Un guía que, a lo largo de toda la correspondencia, no se fija en su rol, sino que bascula entre el experimentado y el experimentador, porque sostiene que en la experiencia (y no en los sentimientos) es donde se apoya la creación.

    En sus diez cartas, Rilke establece una serie de puntos ineludibles para lograr una conexión íntima en el acto de escribir poesía: adentrarse en uno mismo (no mirar hacia afuera, ni dar lugar a las opiniones y críticas); soledad (aunque sea doloroso, el silencio trabaja en nosotros de manera anónima y atemporal, y debemos estar agradecidos de ese dolor que será conocimiento); paciencia (no hay que medir el tiempo, “madurar como el árbol, que no apura a su savia y se mantiene confiado en las tormentas de la primavera, sin el miedo de que tras ellas pudiera no venir el verano. El verano llega.”); vincularse con el amor y Dios por fuera de las convenciones (amar no es entrega ni fundirse en un otro, es una oportunidad trascendental para experimentar el mundo que uno lleva en su interior, “para volverse mundo por amor a otro”); y por eso, hay que amar las preguntas (las respuestas están en las preguntas mismas, una vez que podamos amarlas, desarrollarlas y comprenderlas).

    La primera edición de Cartas a un joven poeta fue en Leipzig en 1929, casi dos años después de la muerte de Rilke, Kappus mismo las publicó. Nunca se conocieron en persona, y la trayectoria poética de Kappus no ha trascendido en absoluto, pero, sin dudas, su intercambio nos ha legado uno de los libros más entrañables de todos los tiempos.


    R. M. Rilke - Cartas a un joven poeta

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    Rainer Maria Rilke

    Cartas a un joven poeta

    2026, 80 pp.

      

    Entre 1903 y 1908, Rainer Maria Rilke mantuvo un intercambio epistolar con Franz Xaver Kappus, un joven alumno de la Academia Militar de Wiener Neustadt, que había acudido al poeta en busca de una opinión sobre sus incipientes poemas.

    Rilke, probablemente identificado con Kappus (ambos habían asistido a la misma academia y la disyuntiva “carrera militar / carrera lírica” los habría atravesado de igual modo), asume un papel de guía en la oscuridad de sus incertidumbres. Un guía que, a lo largo de toda la correspondencia, no se fija en su rol, sino que bascula entre el experimentado y el experimentador, porque sostiene que en la experiencia (y no en los sentimientos) es donde se apoya la creación.

    En sus diez cartas, Rilke establece una serie de puntos ineludibles para lograr una conexión íntima en el acto de escribir poesía: adentrarse en uno mismo (no mirar hacia afuera, ni dar lugar a las opiniones y críticas); soledad (aunque sea doloroso, el silencio trabaja en nosotros de manera anónima y atemporal, y debemos estar agradecidos de ese dolor que será conocimiento); paciencia (no hay que medir el tiempo, “madurar como el árbol, que no apura a su savia y se mantiene confiado en las tormentas de la primavera, sin el miedo de que tras ellas pudiera no venir el verano. El verano llega.”); vincularse con el amor y Dios por fuera de las convenciones (amar no es entrega ni fundirse en un otro, es una oportunidad trascendental para experimentar el mundo que uno lleva en su interior, “para volverse mundo por amor a otro”); y por eso, hay que amar las preguntas (las respuestas están en las preguntas mismas, una vez que podamos amarlas, desarrollarlas y comprenderlas).

    La primera edición de Cartas a un joven poeta fue en Leipzig en 1929, casi dos años después de la muerte de Rilke, Kappus mismo las publicó. Nunca se conocieron en persona, y la trayectoria poética de Kappus no ha trascendido en absoluto, pero, sin dudas, su intercambio nos ha legado uno de los libros más entrañables de todos los tiempos.


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