2026, 176 pp.
19,5 x 14,6 cm.
“Cuando pensamos en el cambio, miramos en dirección a la tecnología, a las maneras de hacer las cosas. Y si pensamos en las cosas inmutables, las atemporales en contraste con las variables, tenemos en mente cuestiones inmateriales, por ejemplo, la creencia en un orden cosmológico, en lo bueno, en lo bello; cosas que tienen que ver con el arte. El tejido es mi campo de interés. Observarlo desde estas dos perspectivas –de una manera específica y acotada, y, al mismo tiempo, inclusiva y global– me lleva a una serie de conclusiones que, por supuesto, también guardan relación con la vida”.
Estas palabras, pronunciadas por Anni Albers, artista textil, en una conferencia de 1963, hilvanan el curso que sigue este libro: cuáles son los cambios que operan en el tejido en cuanto mercancía industrial y cuáles lo acercan al arte.
En una primera parte, orientada a una didáctica del arte textil, Annette von Eckardt, en un texto de 1910, enseña a tejer patrones diseñados por el pintor Franz Marc (integrante de la agrupación El jinete azul), con el objetivo de despertar en sus lectoras su propia creación artística. En este mismo sentido, otros textos incitan a establecer un vínculo orgánico entre el objeto, el material y el entorno para diseñar un textil. “Cada una tendrá que buscar su propio camino. Y muchas lo encontrarán, precisamente, al dar expresión en forma y color a los procesos de su mundo interior”, dice Sophie Taeuber-Arp en 1922. Además, se proponen ejercicios para establecer la importancia del color y se incluyen más de treinta ejemplos de puntos para fomentar habilidades técnicas. Por otra parte, accedemos a los apuntes de las clases de Paul Klee en el taller de tejido de la Bauhaus: relaciones cromáticas, movimiento, ritmo, principios de construcción interna y la aplicación práctica de estos mismos conceptos expanden no sólo los modos de crear textiles sino también de concebir el arte.
En una segunda parte, desde lo poético y desde lo teórico, se define el tejido a mano. “Vamos cada vez más rápido, aumentando la producción, pero limitando con la mecanización la variedad de los resultados posibles. Con los dedos podemos crear infinitas variables; con la maquinaria, solo una variedad limitada. En el sector textil, esto significa que un tejedor o tejedora a mano puede tejer muchas más cosas diferentes que una fábrica equipada para una gama definida de productos finales. A pesar de todos los avances respecto a la velocidad y de los cambios que ha sufrido el telar, el principio subyacente no ha cambiado en miles de años”, declara Anni Albers. Y ese principio subyacente, la estructura de los hilos y su infinidad de posibilidades, es el que definirá al arte textil en esta estimulante antología.
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2026, 176 pp.
19,5 x 14,6 cm.
“Cuando pensamos en el cambio, miramos en dirección a la tecnología, a las maneras de hacer las cosas. Y si pensamos en las cosas inmutables, las atemporales en contraste con las variables, tenemos en mente cuestiones inmateriales, por ejemplo, la creencia en un orden cosmológico, en lo bueno, en lo bello; cosas que tienen que ver con el arte. El tejido es mi campo de interés. Observarlo desde estas dos perspectivas –de una manera específica y acotada, y, al mismo tiempo, inclusiva y global– me lleva a una serie de conclusiones que, por supuesto, también guardan relación con la vida”.
Estas palabras, pronunciadas por Anni Albers, artista textil, en una conferencia de 1963, hilvanan el curso que sigue este libro: cuáles son los cambios que operan en el tejido en cuanto mercancía industrial y cuáles lo acercan al arte.
En una primera parte, orientada a una didáctica del arte textil, Annette von Eckardt, en un texto de 1910, enseña a tejer patrones diseñados por el pintor Franz Marc (integrante de la agrupación El jinete azul), con el objetivo de despertar en sus lectoras su propia creación artística. En este mismo sentido, otros textos incitan a establecer un vínculo orgánico entre el objeto, el material y el entorno para diseñar un textil. “Cada una tendrá que buscar su propio camino. Y muchas lo encontrarán, precisamente, al dar expresión en forma y color a los procesos de su mundo interior”, dice Sophie Taeuber-Arp en 1922. Además, se proponen ejercicios para establecer la importancia del color y se incluyen más de treinta ejemplos de puntos para fomentar habilidades técnicas. Por otra parte, accedemos a los apuntes de las clases de Paul Klee en el taller de tejido de la Bauhaus: relaciones cromáticas, movimiento, ritmo, principios de construcción interna y la aplicación práctica de estos mismos conceptos expanden no sólo los modos de crear textiles sino también de concebir el arte.
En una segunda parte, desde lo poético y desde lo teórico, se define el tejido a mano. “Vamos cada vez más rápido, aumentando la producción, pero limitando con la mecanización la variedad de los resultados posibles. Con los dedos podemos crear infinitas variables; con la maquinaria, solo una variedad limitada. En el sector textil, esto significa que un tejedor o tejedora a mano puede tejer muchas más cosas diferentes que una fábrica equipada para una gama definida de productos finales. A pesar de todos los avances respecto a la velocidad y de los cambios que ha sufrido el telar, el principio subyacente no ha cambiado en miles de años”, declara Anni Albers. Y ese principio subyacente, la estructura de los hilos y su infinidad de posibilidades, es el que definirá al arte textil en esta estimulante antología.